NeuroPlaying : Juegos & habilidades cognitivas

 

 

Bilbomática, con la colaboración del grupo DeustoTech-Vida y la empresa Zuentzat Servicios Gerontológicos, ha lanzado NeuroPlaying, una iniciativa que utiliza el juego para entrenar las capacidades intelectuales de las personas mayores. El proyecto consiste en un paquete de aplicaciones en forma de juego desarrolladas para tablets, con un diseño sencillo y diferentes niveles de dificultad, que están dirigidas a desarrollar habilidades como la orientación espacial, la coordinación vasomotora, la atención, el razonamiento lógico espacial y la memoria visual.

Además de los juegos en sí, y como parte integral del proyecto, NeuroPlying permite realizar un seguimiento de cada usuario, registrando los resultados y mostrando la evolución con gráficos y tablas comparativas.Este servicio está dirigido tanto a familiares como a profesionales sociosanitarios.

“Una parte esencial de los juegos serios es la monitorización y evaluación de los resultados”, explica Frank Guijarro, responsable de I+D+I de Bilbomática,  “el proyecto seguirá abierto para usuarios pero la intención es buscar su comercialización en ámbitos profesionales ofreciendo más funcionalidades”.

NeuroPlaying se ha lanzado en versión beta, y por ahora cuenta con dos juegos, Puzzle, que consiste en memorizar una fotografía para luego reconstruir sus piezas en el menor tiempo posible, y eTangram, una versión digital del clásico juego, aunque la intención es ir ampliando el proyecto con más aplicaciones. Ambos juegos están disponibles de forma gratuita para Android desde Google Play y en un futuro lo estarán también para iOS y web.

Esta iniciativa se ha desarrollado en el marco del proyecto Subprograma Competitividad I+D 2012 con el apoyo del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

 Fuente: http://www.euskadinnova.net/es/enpresa-digitala/noticias/bilbomatica-lanza-neuroplaying-juegos-para-mantener-habilidades-cognitivas/11617.aspx – Autor Laura Fernandez
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Envejecimiento activo: el cohousing

 

 

Cohousing es  un tipo de vivienda colaborativa que intenta superar la alienación  de la vivienda actual, en la que nadie conoce a sus vecinos y en la que no existe ningún sentido de la comunidad. Se caracteriza por la existencia de casas privadas con su cocina propia, salón comedor, etc., junto con amplios espacios y facilidades comunes. El espacio común suele incluir una casa común con cocina, salón comedor y salas multiusos, diversas facilidades recreativas, biblioteca, talleres, zonas verdes, espacios para los niños, etc.

Es un modelo que con variables que se ha desarrollado en Europa (Alemania, Francia) desde hace más de treinta años y su principal ventaja es recuperar valores típicos de comunidades pequeñas como los hábitos de colaboración y las relaciones sociales en red.  En Dinamarca a finales de los años 60 se formaron las primeras unidades cohousing  y se extendió a USA a finales de los 80. Es en Estados Unidos y Canadá donde más se ha desarrollado esta forma de comunidad.

En España compartimos la cultura de envejecer en casa sin perder autonomía; no queremos estar solos pero no queremos ser una carga para los hijos. No se trata solo de mudarse a una casa en espacio compartido estilo urbanización sino que las relaciones de cooperación y confianza son fundamentales.

Las casas de un Cohousing se construyen normalmente en torno a una zona verde y peatonal. Las calles y los aparcamientos se diseñan especialmente para eliminar los coches del interior de la comunidad. Con esto no solo se consigue crear más áreas abiertas para recreación y ocio, sino que elimina el ruido del tráfico y la contaminación. No son, hoteles, no hospitales ni instituciones geriátricas, son hogares con zonas comunes que garantizan la autonomía a partir de una arquitectura adaptada y adaptable.

La comunidad se gobierna a partir de  una asociación de propietarios o de condominio, formada por todos los residentes, que asume la responsabilidad de dirección y mantenimiento de edificios y espacios comunes. Los residentes participan activamente en diversos grupos de trabajo. Se paga una tasa mensual que permite a la comunidad comprar los suministros necesarios o pagar por trabajos que requieren contratar a técnicos. Se elige asambleariamente una junta directiva formada por cargos rotatorios para evitar personalismos.

La experiencia de muchos Cohousing muestra que la participación activa de los residentes desde el inicio del proyecto contribuye a unir lazos y fortalecer el sentimiento comunitario. Construir una comunidad no es fácil. Trabajar juntos y participar activamente en el desarrollo y proceso de diseño forja una comunidad fuerte y con buen funcionamiento. En Cohousing nadie está obligado a participar.

Inteligencia colectiva + Solidaridad + Convivencia

Las principales conclusiones de este tipo de experiencia son:

1) Autopromoción : son iniciativa de los usarios no de un tercero

2) Autogestión : acción y consenso

3) Co.laboración : gestión solidaria de las actividades

No son hoteles, ni hospitales ni instituciones geriátricas. Son hogares con zonas comunes que garantizan la autonomía a partir de una arquitectura adaptada y adaptable. Los hay intergeneracionales que han probado ser muy efectivos porque la gente que vive en un Cohousing intergeneracional tiene más fácil evitar el sentimiento de soledad que se apodera de muchas personas en las modernas ciudades.

La posibilidad de participar en la comunidad y compartir conocimientos y experiencias vitales contribuye a aumentar la autoestima y el bienestar emocional

Perfil del Cohousing:

  • Casas y comunidad diseñadas y desarrolladas por los residentes (autoconstrucción posible)
  • Entorno apto para peatones y para pasear. Presencia mínima del automovil
  • Casas como cualquier otra casa, con todas las facilidades
  • Posibilidad de revender, de recuperar las inversiones realizadas y de obtener beneficios de la revalorización de la casa (en las condiciones establecidas por la comunidad)
  • Espacios comunes y zonas verdes, casa común y un amplio abanico de áreas recreativas y para actividades comunitarias
  • Mantenimiento y gobierno de los propietarios o de la asociación de condominio
  • Fuerte sentido comunitario y trabajo conjunto
  • Sistema de vigilancia vecinal
  • Consumo energético reducido, respeto por el entorno
  • Respeto de la intimidad
  • Las diferencias de edad y de formas de vida dan riqueza a la cultura comunitaria
  • Diversidad de precios, facilidades de acceso a la vivienda
  •  Un entorno que tiene en cuenta los niños contribuye a un desarrollo más sano y feliz y disminuye las tensiones con los padres
  • Evitar el aislamiento, animando a las personas que viven solas y a las personas mayores a que desarrollen un papel activo e importante en la comunidad
  • Cooperación, espíritu vecinal e independencia

 

Fuente:

http://www.selba.org/EcoaldeasDocusCohousing.htm#Definicion

http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-el-cohousing

Miguel Angel Mira: “Cohousing, un nuevo modelo de convivencia” Revista UDP año XXVIII Nº 254 Enero-Marzo 2014

https://www.cohousing.org/what_is_cohousing

http://viveroiniciativasciudadanas.net/2012/11/27/co-housing-2/

 

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Las canas revolucionan la economía

La demografía es destino”.

Lo escribió hace más de 200 años el filósofo francés Auguste Comte. Nos advertía de que el futuro del ser humano vive ligado a su comportamiento como especie. Está anclado a sus nacimientos y defunciones. A la edad de su población. A sus movimientos. A la vida y, sobre todo, al discurrir del tiempo.

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE) presentaba las proyecciones demográficas para España en la próxima década y esa fotografía positivada a cámara lenta nos reveló la imagen de una fuerte caída de la natalidad y un envejecimiento de la población, y por primera vez, desde la Guerra Civil, habrá más defunciones que nacimientos. Todos seremos más viejos.

La esperanza de vida se irá alargando y en 2022 será de 87 años para las mujeres y 81,8 para los hombres. Son 2,5 y 1,9 años más que los que vivimos ahora.

Y para entonces, en esta tierra habitada de pueblos distintos e historias diferentes, residirán 9,7 millones de personas mayores de 64 años, cerca de 1,5 millones más que en la actualidad. De ellas, 23.428, centenarias, el doble de las que sumamos hoy. 

En un país en el que los minutos serán más largos para todos, los ancianos revolucionarán la economía. Es, quizá, la fuerza de cambio social más importante en la historia socioeconómica reciente de España desde que en los años setenta del siglo pasado se creara una clase media.

EL PAÍS

La situación de envejecimiento de España “es irreversible, pero no es una catástrofe”. Esta es la primera frase que deja Antonio Abellán García, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y toda una referencia en estos asuntos.

“Si desaparece la forma de pirámide de población y se convierte en un pilar, no es un fracaso. Hablamos de un éxito, ya que demuestra que no fallecen tantos niños, adultos o adolescentes”. En el fondo, “vivimos más porque vivimos mejor”, sintetiza. Lo cual no quiere decir que miremos hacia otro lado, pues las cifras nos amenazan. A partir de 2023, el proceso de envejecimiento del país se acelerará porque comienza la jubilación del baby boom. “Debemos ocuparnos intensamente de los temas de envejecimiento pero no tenemos que alarmarnos, ya que la alarma lleva a la sociedad por caminos equivocados”, matiza el investigador.

Con más preocupación o menos, la sociedad a la que vamos será muy diferente, y, por eso, las empresas y la propia economía tendrán que adaptarse. El envejecimiento lo cambia todo o casi todo. Las finanzas, el consumo, los inmuebles, la industria farmacéutica, la sanidad, el diseño de productos, el sector del automóvil, la tecnología, el ocio. Con la mayor longevidad se ha ganado tiempo, y las organizaciones que sepan manejarlo tendrán una gran ventaja.

Paco Abad, director de la consultora aBest innovación social, narra que a las políticas de envejecimiento en la empresa les sucederá lo mismo que a las de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). ¿Lo recuerdan? Tardaron en implantarse, sin embargo, cuando empezó el boom llegaron de forma vertiginosa.

Esto ocurrirá, según calcula Abad, en tres o cinco años. Porque el mayor tiempo de vida de los españoles se ha convertido en una gran oportunidad de negocio si se logran respuestas a los desafíos. Por ejemplo, abaratar los productos y servicios básicos para que sean asequibles con unas pensiones cada vez más bajas; mejorar el diseño de los envases de muchos artículos con el fin de que resulten manejables; favorecer la vida autónoma en el hogar y adaptar viviendas, infraestructuras de transporte y espacios públicos.

En el fondo, la edad arroja dos guantes al mundo de la empresa. La necesidad de crear nuevos productos y servicios que den contestación a este envejecimiento y, a la vez, concebir una manera diferente de gestionar la vida laboral de sus plantillas.

Las organizaciones deben entender que “hacerse mayor es la base de la existencia humana y una oportunidad única para mezclar la energía de los jóvenes y la sabiduría de los adultos mayores”, observa Enrique Alcat, profesor de IE Business School. Y añade: “Es inadmisible acabar con la vida laboral de una persona a los 55 años”.

Estamos, pues, obligados a prestar atención a la radiografía de este nuevo joven que llega a España. Tiene unos ingresos estables a través de las pensiones —lo que le convierte en un buen consumidor potencial—, se encuentra mejor preparado laboralmente que sus antecesores y, por lo general, se siente sano y activo. Incluso, hay quien, como Jordi Rifa, director de industria de la consultora Everis, revela el nacimiento de lo que llama “la cuarta edad” (mayores de 80 años).

“Un cliente y un nicho de mercado específico, de gran calado para las empresas y con unas necesidades diferentes” dictamina el analista.

Esas necesidades distintas ya se dejan sentir en los lineales del supermercado. La gran distribución ha interiorizado el profundo efecto que tiene el envejecimiento en los productos de consumo.

¿Cómo va a manejar una persona mayor esos enormes detergentes, lavavajillas o champús que pesan un quintal?

“Los artículos serán livianos, más fáciles de abrir, con tipografías grandes, transportables con sencillez y acorde a las cantidades que consumen”, desgrana Víctor Mirabet, consejero delegado de la consultora Coleman CBX. “Es una revolución”.

La transformación ha empezado ya por ofrecer a los ancianos productos con ese componente bio o saludable. La consultora Nielsen se ha interesado por este tema y ha firmado un estudio, “El mercado sénior” en el que ha pedido la opinión a los mayores de 55 años.

Ellos cuentan que cada vez consumen menos bebidas alcohólicas y más productos ricos en calcio. El trabajo también revela que el 90% ve casi todos los días la televisión, y el 67% sale a comprar más de una vez a la semana. Excelentes pistas para crear una estrategia de marketing.

La distribución ha empezado a ofrecerles productos bio y saludables.

Y junto a las finanzas, quizá sea el sector inmobiliario el que notará con más intensidad la nueva demografía.

Cada vez encontramos más ancianos viviendo en soledad, y esa sensación de que la casa se cae encima, según dicen los sociólogos, aumentará cuando pase la crisis.

Ahora se mitiga porque muchos hijos continúan viviendo en el hogar. Pero, con el tiempo, la casa dejará de estar encendida y la vivienda se verá que resulta inapropiada. Fallará el tamaño, los equipamientos, y para entonces, la incomodidad (enchufes fuera de altura, fregaderos y baños no adaptados, ni diseñados para adultos mayores; suelos que deslizan, carencia de ascensores, ausencia de insonorización…) resultará evidente. Esto facilita la entrada de una potente industria de la domótica y la rehabilitación. Tanto dentro como fuera del hogar.

“Será necesaria la rehabilitación integral de barrios enteros y no solo en el centro de la ciudad, sino también en la periferia, localidades que tienen un parque de viviendas muy antiguo que no cumple con las condiciones mínimas que necesitan las personas para vivir, muchas de ellas mayores”, prevé Carlos Smerdou, consejero delegado de Foro Consultores.

Pero este negocio, que también puede trasladarse a la segunda residencia, tanto para ancianos españoles como extranjeros, y que podría descargar una lluvia millonaria sobre el magullado ladrillo, tiene que saber leer la idiosincrasia de esta población.

“Hay que evitar los guetos. No tienen éxito. Los mayores, al menos los españoles, valoran las redes sociales. No quieren un barrio de ancianos. Por tanto, ¡ojo! con las ciudades residenciales, al estilo estadounidense, solo para viejos”, advierte Antonio Abellán García, del CSIC. Los bancos se vuelcan en un sector de 10 millones de personas

Los ancianos huyen de los espacios asfixiantes y, apoyados en esa mayor duración de la vida, reclaman atención.

Por eso, todo lo relativo a la dependencia tiene posibilidades, una vez que los sucesivos recortes de la Administración la hayan desangrado. Lo que iba a convertirse en el cuarto pilar del Estado de bienestar se diluye o lo diluyen. En 2013, el número de personas atendidas se ha reducido en más de 15.000. Hay urgencia y necesidad.

Y como una respuesta a esa precariedad y frustración entra en juego la “nueva familia”.

Estas son las dos palabras que emplea para nombrarla Gerardo Meil, autor del estudio “Individualización y solidaridad familiar “(Fundación La Caixa).

En este espacio familiar, ambos cónyuges tienen trabajos remunerados y, como máximo, dos hijos. Al disponer de poco tiempo, cuidan a sus ancianos de “una forma teledirigida”, admite el experto. Por eso delegan en centros asistenciales privados o en profesionales que acuden a casa.

Poco extraña, pues, que la salud, según comenta Nielsen, se haya convertido en la primera preocupación de los ancianos españoles. Lógico. También la lógica impone que la propensión a consumir medicamentos aumenta con la edad y con la esperanza de vida. Estas dos situaciones reman a favor de la industria farmacéutica, que siente el negocio.

“El 60% de todo el consumo farmacéutico procede de los mayores de 65 años”, puntualiza Pedro Luis Sánchez, director del departamento de Estudios de Farmaindustria. También llegan, ahonda un informe de la gestora Fidelity, buenas noticias para los fabricantes de medicamentos genéricos, distribuidores de fármacos y aseguradoras de salud, no solo por el envejecimiento, sino debido a los esfuerzos de los Gobiernos por controlar la presión sobre los costes de los sistemas sanitarios públicos.

Sin embargo, después de todo este relato lleno de números y palabras, el inexorable envejecimiento nos conduce a lo relevante: las personas. Y al igual que vivimos un cambio demográfico debe haberlo en la sociedad española para comprender que los ancianos son tesoros nacionales. Desde 1966, en Japón, un país con unos habitantes también cargados de años, el tercer lunes de septiembre se celebra el Keiro no Hi (Día del Respeto a los Ancianos). Un recordatorio del valor de lo que todos —si el destino nos lo permite— seremos algún día.

http://economia.elpais.com/economia/2013/11/29/actualidad/1385753835_917479.html

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Un videojuego de carreras rejuvenece el cerebro

La misma ciencia que demostró que el Brain Training y otros juegos habilidad mental servían a la gimnasia del cerebro lo mismo que un crucigrama muestra ahora cómo un juego de carreras puede mejorar las habilidades cognitivas que se pierden con la edad. Con un poco de entrenamiento, un abuelo puede jugar tan bien como un chaval de 20 años, recuperando buena parte de su control cognitivo.

La prestigiosa revista científica Nature lleva esta semana a su portada una investigación que demuestra que se puede combatir el envejecimiento del cerebro con unas horas de consola. Con un juego de carreras específicamente diseñado, investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) consiguieron que mayores de 65 años mejoraran de forma significativa su capacidad para la multitarea y otras habilidades cognitivas.

En un primer experimento con 174 personas con edades desde los 20 a los 79 años, volvieron a demostrar lo que la neurociencia y la sabiduría popular consideran un hecho: con la edad se puede ganar en sabiduría pero se pierde agilidad mental. En particular, a medida que se envejece el cerebro lleva cada vez peor la multitarea y el control cognitivo, definido por los autores del estudio como “el conjunto de procesos neuronales que nos permiten interactuar con nuestro complejo entorno orientado a objetivos”.

LA CAPACIDAD DE MULTITAREA ENVEJECE

Lo demostraron poniendo a jóvenes y mayores a jugar con NeuroRacer, un juego de coches algo particular. En la versión simple, había que manejar con la consola un vehículo por una carretera. En la compleja, además iban apareciendo señales. Si eran verdes, el jugador tenía que pulsar el teclado. Todo un ejercicio práctico de lo que se entiende por multitarea. En este experimento, los investigadores comprobaron que, a medida que pasan los años, la capacidad para hacer dos cosas a la vez disminuye. La caída en el rendimiento llegó a ser superior al 64% a partir de los 60 años.

Pero, durante el siguiente mes, los mayores estuvieron jugando con el NeuroRacer tres horas a la semana. Para evitar que la mejora viniera de la simple práctica, un algoritmo iba complicando cada vez más el juego, haciendo las curvas más sinuosas o mostrando las señales con patrones aleatorios. Al cabo de ese tiempo, los mayores que jugaron a la versión compleja mostraron una habilidad en el juego comparable a la de chavales de 20 años, eso sí, que nunca habían jugado con él. En ambos experimentos los participantes fueron monitoreados con un electroencefalograma.

“Estos resultados muestran la plasticidad que puede tener un cerebro envejecido”, dice el director del Centro de Neurociencia de la UCSF y coautor del estudio Adam Gazzaley. El neurocientífico, que ya está preparando una nueva versión del juego desde su empresa Akili Interactive Labs, advierte de que no todos los juegos sirven para entrenar un cerebro cansado.

Con el electro, los científicos comprobaron los patrones de las oscilaciones electromagnéticas de baja frecuencia conocidas como ondas theta del córtex prefrontal, donde residen las funciones ejecutivas del cerebro. La neurociencia usa las ondas theta para determinar el grado de control cognitivo.

Los mayores que habían jugado con la versión compleja del NeuroRacer (la del coche y las señales) mostraron una elevación de la actividad de las ondas theta del córtex prefrontal, lo que “demuestra por primera vez la modulación de una red neuronal en respuesta al entrenamiento cognitivo en adultos mayores”, escriben en el estudio.

Además, los científicos llegaron a la conclusión de que el juego no sólo mejora la capacidad para la multitarea. Por medio de una serie de test psicológicos vieron que otras funciones cerebrales como la memoria de trabajo, la capacidad de mantener la atención o la resolución de interferencias habían mejorado en los jugadores. Lo más relevante, sin embargo, es que seis meses después, los mayores de 60 años aún conservaban las habilidades cognitivas recuperadas con un simple juego de carreras.

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/2013/09/06/videojuegos-rejuvenecimie_n_3878452.html?utm_hp_ref=es-ciencia-y-tecnologia

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La vejez ya no es lo que era

“No hace mucho, la imagen social de abuelos y bisabuelos era la de figuras un poco decorativas en la trama familiar a las que les había llegado el tiempo de “descansar”.

Pero aunque todavía existen estimaciones descorazonadoras (algunas indican que apenas el 4% de los mayores de 95 mantienen sus capacidades cognitivas intactas), comienza a advertirse una realidad más estimulante. Algunos estudios sugieren que las tasas de demencia podrían estar descendiendo y se multiplican los ejemplos de aquellos que, bien pasados los noventa, siguen en plena actividad: enseñan, escriben, dirigen centros de investigación o fundaciones, participan -y son escuchados- en organizaciones gremiales o políticas. En suma, conforman una nueva generación de adultos mayores con agenda completa.

Podría pensarse que son sólo excepciones que se dan sobre el telón de fondo de una multitud que padece el deterioro físico y cognitivo. Pero hay signos que permiten alentar un leve optimismo. En particular, estudios dados a conocer en las últimas semanas que parecen indicar que el cambio en los estilos de vida puede hacer descender la frecuencia de las demencias, uno de los principales fantasmas de las personas que llegan a edades avanzadas.

Un trabajo dado a conocer hace pocos días en The Lancet realizado en Dinamarca encontró que nonagenarios a los que se les administró un test cognitivo en 2010 obtuvieron resultados sustancialmente mejores que los que lo habían realizado dos décadas antes. Cerca de un cuarto de los estudiados en 2010 llegaron al máximo nivel, el doble de los que habían pasado la prueba en 1998. Al mismo tiempo, el porcentaje de los que obtuvieron los peores puntajes cayó de 22 a 17%.

En otro estudio publicado en la misma revista, investigadores del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Cambridge compararon dos grupos de unas 7000 personas en las mismas regiones de Inglaterra y Gales. Los resultados sugieren que el porcentaje de personas de 65 años o mayores que padecen Alzheimer habría bajado en Gran Bretaña casi un 25% en un lapso de 20 años, pasando de 8,3% a 6,5%. El primer análisis tomó datos de comienzos de 1990 y el segundo, de entre 2008 y 2011.

Por último, un tercer trabajo de investigadores del Instituto de la Salud y la Investigación Médica (Inserm), de Francia, cuyos resultados preliminares fueron presentados recientemente en Boston durante la Conferencia de la Asociación Internacional del Alzheimer, sugiere que atrasar la jubilación disminuye las posibilidades de padecerlo.

Realizado en 429.000 personas, concluyó que cada año adicional de trabajo después de cumplir los 60 reduciría casi un 3% el riesgo de sufrir la enfermedad.

Para el doctor Ignacio Katz, director de la Especialización en Gestión Estratégica de Organizaciones de Salud de la Universidad Nacional del Centro  y responsable académico del sector de Adultos Mayores de esa misma universidad, la pobreza tiene un impacto muy importante en etapas avanzadas de la vida.

Según Katz, los cuatro parámetros que inciden en la calidad del(Tandil-Argentina) envejecimiento son la soledad, el sedentarismo, la desnutrición (que es muy frecuente, incluso en personas con un nivel económico estable) y el maltrato.

“En el proyecto tandilense, además de recomendar actividad física y buena nutrición, procuro sobre todo que los plomeros sigan siendo plomeros, que los electricistas sigan haciendo sus tareas… Y trato de que la actividad sea grupal”, cuenta.

Hay que comprender que dejar de trabajar no quiere decir jubilarse de la vida -subraya-. Lo que mata es el aislamiento. Lo que siente el adulto mayor es que va quedando solo, no tiene interlocutores. “

Fuente : http://www.lanacion.com.ar/1607534-la-vejez-ya-no-es-lo-que-era-a-los-90-con-agenda-completa

 

 

 

 

 

 

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“No tener prisa ayuda a disfrutar”

“Lo malo de envejecer es que el cuerpo no le sigue al Yo”

Ramón y Cajal

“Cuando a los 65 años a Felicidad Loscertales le llegó el momento de jubilarse pensó que no tenía ningún motivo para ello. ¡Hay tanto que hacer!, se dijo. Y pidió que se le concediera un permiso para seguir impartiendo clases de Psicología Social en la Universidad de Sevilla. Después de aquellos cinco años de permiso le fue concedido el título de profesora emérita, lo que conllevaba la posibilidad de continuar otros tres años más de clases.

Felicidad Loscertales tiene 75 años y hace dos que está jubilada. Ahora de verdad. Pero no quieta, eso parece imposible en alguien como ella. Porque colabora en grupos de trabajo de la facultad, está terminando un libro con otros compañeros de departamento acerca de la imagen de la mujer docente en el cine y en octubre volverá a impartir clases sobre la perspectiva de género en los medios de comunicación dos veces por semana en el Aula de la Experiencia.

“A veces soy un poco pesada y siempre estoy repitiendo a los compañeros que cuándo me van a mandar sus capítulos”. También está preparando un congreso sobre Psicología en la Universidad de Sevilla, donde presentará a una de las conferenciantes, la psicóloga Olga Bertomeu. Loscertales cree que la responsabilidad de un adulto es siempre ayudar a los jóvenes en su formación y también a los adultos que por circunstancias de su vida no han podido estudiar.

Admite que el haberse jubilado le ha permitido recuperar aspectos de la vida que con el trabajo no podía aprovechar. Uno de ellos es disfrutar más de la familia y de la paz que conlleva tener menos responsabilidades. “Las personas mayores ya no tenemos tanta prisa y eso ayuda a disfrutar muchísimo”. También está reforzando relaciones sociales, ya que una de las ventajas de tener tiempo es poder vivir más intensamente en grupo y disfrutar del contacto humano. “Quedo mucho con amigos, a los que, como buena aficionada al cine, recomiendo las últimas películas que he visto”. Una de las espinitas que se intenta quitar es el dominio del inglés y siempre que puede va al cine a ver películas en versión original.

Su día a día es tan intenso ahora como antes de la jubilación. Se levanta muy temprano. Otra de las ventajas que tiene la edad es que se duerme menos, cuenta. Después del café va en bicicleta a comprar el pan y el periódico. Después se sienta delante del ordenador y dedica unas horas a revisar alguno de los artículos que trae entre manos. Sigue ejerciendo de ama de casa: “Algo que he sido siempre, es inevitable. Siempre que puedo ayudo a mis hijas con algún recado y las llevo en coche, aunque a veces me riñen y me dicen que no tengo edad para conducir. Sin embargo, me encanta conducir y, en vacaciones, muchas veces recorro zonas de España de parador en parador”.

Después se ocupa de que no le falte nada a su huerto. “Este año nos han salido unos tomates y unos pimientos buenísimos, con los que hago el gazpacho”. También va dos veces a la semana a un taller de cerámica impartido por la ceramista Maribel García Díaz. La cerámica siempre ha sido una de sus pasiones, que ahora puede desarrollar. Y procura hacer deporte: en verano nada una hora todos los días en la piscina de su casa antes de comer. “Sienta de maravilla”, apostilla.

Nunca deja de aprender y es revitalizador el entusiasmo que encuentra en los mayores que acuden a las clases del Aula de la Experiencia. Enseñar a jóvenes es diferente que enseñar a adultos. Muchos jóvenes acuden por motivos diferentes al mero deseo de aprender. “Es quizás la última oportunidad que tienen las personas mayores de engancharse al tren del aprendizaje y es algo que llevan ansiando durante mucho tiempo”. Como tienen menos prisa, quieren dedicarle más tiempo, aclara.

Felicidad Loscertales señala que el entusiasmo de los mayores por aprender es formidable. “Tienen muchas ganas de participar, no se callan. El año pasado eran más de cien alumnos y este, afortunadamente, los hemos podido dividir en dos grupos.”

Está en completo desacuerdo con la reforma educativa del ministro Wert. “Es algo tremendo porque creo sinceramente que las últimas reformas educativas no han servido más que para interrumpir los logros que empezaban a asentarse de las anteriores. La educación es acompañar al niño en la tarea de hacerse adulto. Es como el crecimiento de un brazo, nadie puede torcerlo mientras está creciendo y muchas de estas reformas lo que hacen es añadir y quitar elementos que se estaban asentando. Es terrible y, al final, los políticos son los causantes de malas políticas educativas que lo único que buscan es atraer votos”.

“Mentalmente uno se siente joven, aunque hay cosas que el cuerpo no te permite como antes. Esta mañana estaba terminando un artículo para una revista que tenía que haber mandado ya, pero tenía la sospecha de que había una idea que repetía en dos partes y no podía encontrar dónde; a esta edad el cansancio es un enemigo fuerte”. reflexiona Loscertales.

El año pasado dedicó las clases del Aula de la Experiencia a estudiar el papel de la mujer en el periodismo y a analizar el caso Watergate. En este caso, los periodistas que descubrieron el espionaje del presidente Nixon acudieron a su redactor jefe con la noticia, quien se mostró reacio a publicarla. Sin embargo, Katherine Graham, quien había asumido recientemente la presidencia del The Washington Post tras la muerte de su marido, les dijo que un periódico lo que hacía era publicar noticias y aquella, sin duda, lo era. “Discutimos durante semanas sobre la valentía de esta mujer y el interés de los alumnos fue increíble”.

Una de sus citas favoritas es de Ramón y Cajal, del libro El mundo visto a los 80 años: “Lo malo de envejecer es que el cuerpo no le sigue al yo”. Ello lo explica diciendo que “el cuerpo es el que se cansa, pero tú estás con fuerzas y quieres seguir. Me levanto muy temprano, pero por la noche caigo antes”, admite, mientras comenta que el libro electrónico ha sido un gran descubrimiento por lo poco que pesa y que le permite leer de noche alguna novela policiaca, uno de sus géneros preferidos.

En el Aula de la Experiencia de Mairena, una extensión de las clases que lleva en Sevilla, se encarga de un seminario sobre comunicación y sobre qué es personalidad, desde una perspectiva humanista, en el que intenta introducir también conocimientos sobre el psicoanálisis. “El año pasado tratamos sobre la violencia en el hogar, no sólo la de género, sino también la que ejercen padres contra hijos e hijos contra padres”. Sin duda, los años habrán restado fuerzas a Loscertales, pero no ha perdido ni el rigor científico ni el entusiasmo humano.”

Leer más: http://www.lavanguardia.com/vida/20130729/54378177511/felicidad-loscertales-75-no-tener-prisa-ayuda-a-disfrutar.html#ixzz2aQJ8JenI

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Oliver Sacks: Al cumplir los 80

 

Anoche soñé con el mercurio: enormes y relucientes glóbulos de azogue que subían y bajaban. El mercurio es el elemento número 80, y mi sueño fue un recordatorio de que muy pronto los años que iba a cumplir también serían 80. Desde que era un niño, cuando conocí los números atómicos, para mí los elementos de la tabla periódica y los cumpleaños han estado entrelazados. A los 11 años podía decir: “soy sodio” (elemento 11), y cuando tuve 79 años, fui oro. Hace unos años, cuando le di a un amigo una botella de mercurio por su 80º cumpleaños (una botella especial que no podía tener fugas ni romperse) me miró de una forma peculiar, pero más adelante me envió una carta encantadora en la que bromeaba: “tomo un poquito todas las mañanas, por salud”.

¡80 años! Casi no me lo creo. Muchas veces tengo la sensación de que la vida está a punto de empezar, para en seguida darme cuenta de que casi ha terminado. Mi madre era la decimosexta de 18 niños; yo fui el más joven de sus cuatro hijos, y casi el más joven del vasto número de primos de su lado de su familia. Siempre fui el más joven de mi clase en el instituto. He mantenido esta sensación de ser siempre el más joven, aunque ahora mismo ya soy prácticamente la persona más vieja que conozco.

A los 41 años pensé que me moriría: tuve una mala caída y me rompí una pierna haciendo a solas montañismo. Me entablillé la pierna lo mejor que pude y empecé a descender la montaña torpemente, ayudándome solo de los brazos. En las largas horas que siguieron me asaltaron los recuerdos, tanto los buenos como los malos. La mayoría surgían de la gratitud: gratitud por lo que me habían dado otros, y también gratitud por haber sido capaz de devolver algo (el año anterior se había publicado Despertares).

A los 80 años, con un puñado de problemas médicos y quirúrgicos, aunque ninguno de ellos vaya a incapacitarme. Me siento contento de estar vivo: “¡Me alegro de no estar muerto!”. Es una frase que se me escapa cuando hace un día perfecto. (Esto lo cuento como contraste a una anécdota que me contó un amigo. Paseando por París con Samuel Beckett durante una perfecta mañana de primavera, le dijo: “¿Un día como este no hace que le alegre estar vivo?”. A lo que Beckett respondió: “Yo no diría tanto”). Me siento agradecido por haber experimentado muchas cosas –algunas maravillosas, otras horribles— y por haber sido capaz de escribir una docena de libros, por haber recibido innumerables cartas de amigos, colegas, y lectores, y por disfrutar de mantener lo que Nathaniel Hawthorne llamaba “relaciones con el mundo”.

Siento haber perdido (y seguir perdiendo) tanto tiempo; siento ser tan angustiosamente tímido a los 80 como lo era a los 20; siento no hablar más idiomas que mi lengua materna, y no haber viajado ni haber experimentado otras culturas más ampliamente.

Siento que debería estar intentado completar mi vida, signifique lo que signifique eso de “completar una vida”. Algunos de mis pacientes, con 90 o 100 años, entonan el nunc dimittis —“He tenido una vida plena, y ahora estoy listo para irme”—. Para algunos de ellos, esto significa irse al cielo, y siempre es el cielo y no el infierno, aunque tanto a Samuel Johnson como a Boswell les estremecía la idea de ir al infierno, y se enfurecían con Hume, que no creía en tales cosas. Yo no tengo ninguna fe en (ni deseo de) una existencia posmortem, más allá de la que tendré en los recuerdos de mis amigos, y en la esperanza de que algunos de mis libros sigan “hablando” con la gente después de mi muerte.

El poeta W. H. Auden decía a menudo que pensaba vivir hasta los 80 y luego “marcharse con viento fresco” (vivió solo hasta los 67). Aunque han pasado 49 años desde su muerte yo sueño a menudo con él, de la misma manera que sueño con Luria, y con mis padres y con antiguos pacientes. Todos se fueron hace ya mucho tiempo, pero los quise y fueron importantes en mi vida.

A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo, uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y nada “viejo”. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como insistía Freud.

Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick. Cuando le dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y pronunció: “Todo lo que tiene un principio tiene que tener un final”, y procedió a seguir pensando en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió, a los 88, seguía completamente entregado a su trabajo más creativo.

Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo muchas veces que sus 80 años habían sido una de las décadas en las que más había disfrutado en su vida. Sentía, como estoy empezando a sentir yo ahora, no un encogimiento, sino una ampliación de la vida y de la perspectiva mental. Uno tiene una larga experiencia de la vida, y no solo de la propia, sino también de la de los demás. Hemos visto triunfos y tragedias, ascensos y declives, revoluciones y guerras, grandes logros y también profundas ambigüedades. Hemos visto el surgimiento de grandes teorías, para luego ver cómo los hechos obstinados las derribaban. Uno es más consciente de que todo es pasajero, y también, posiblemente, más consciente de la belleza. A los 80 años uno puede tener una mirada amplia, y una sensación vívida, vivida, de la historia que no era posible tener con menos edad. Yo soy capaz de imaginar, de sentir en los huesos, lo que supone un siglo, cosa que no podía hacer cuando tenía 40 años, o 60. No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados, libres para explorar lo que deseemos, y para unir los pensamientos y las emociones de toda una vida. Tengo ganas de tener 80 años.”

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